Esta es sin duda la última novela que escribió el gran autor vanguardista Arqueles Vela, y la segunda en ser publicada, pues después de esta se publicó El intransferible en 1977, aunque se había empezado a escribir en 1925. Luzbela es una de esas obras inclasificables que solía entregar Vela, pues a veces se cataloga como novela, otras como antología de cuentos y al adentrarse en las páginas de este libro, el gozo y la sensación de collage evocan al ensayó de La teoría abstraccionista: “Lo real y lo natural en la vida es lo absurdo. Lo inconexo. (...) Nuestra vida es arbitraria y los cerebros están llenos de pensamientos incongruentes”. Pero, lo que podría dar un indicio de este libro, es el mismo subtitulo del libro: novelerías. Como escribe Vela en el primer capítulo de este libro:
“Al verla desaparecer, el gentío la abandonó en sus correrías... sólo yo la seguí, apegado a sus pasos...
Entonces comenzaron las novelerías... Las habladoras de la ciudad y del campo, apeñuscadas en las cuatro esquinas, inventaron su historia con palabras...
-Es una ladrona... se roba la luz a la media noche...
Y en tanto que ella se adueñó de la luz, nadie se atrevía a transitar por las calles, temeroso de ofuscarse con las sombras que proyectaban sus luces...” (p.19-20).
El libro se compone de seis novelerías o cuentos o relatos, cada uno con diferentes temáticas, pero conservando el periodo de entre-guerras como el fondo de las historias, donde la incongruencia, los neologismos y la dificultad de comunicación se mantienen en todos ellos. Las novelerías son:
1) Luzbela
2) Las chisperas
3) Las medianoches
4) Una mujer impresionista
5) Las tres gracias
6) Los sueños
LUZBELA
Este texto funciona como introducción y a la vez como narración individual. En esta, el narrador se presenta como alguien extravagante e incomprendido que buscaba una identidad y un lugar al cual pertenecer. El narrador que nunca revela su nombre quiere ser un “personaje”, por lo que intenta entrar a un circo, pero lo rechazan. Vive algunas cosas hasta que, volviendo a un nuevo circo, conoce a una mujer que predice el futuro, él se obsesiona con ella y la libera. Cita del capítulo: ”Yo anhelaba saber quién era yo mismo; cuándo llegaría al final de mi destino, quién me esperaba en la encrucijada, dónde terminaría mi tránsito.”
LAS CHISPERAS
Este capítulo es curioso, pues pareciera ser un texto semi autobiografico por algunos elementos que evocan la estancia del autor en España. El texto, casi una picardía, cuenta una serie de anécdotas del narrador entre las que hay una pelea por unas mujeres, una serie de visitas una librería donde el narrador y sus amigos nunca compran ningún libro y los leen ahí mientras sostienen discusiones literarias con la vendedora que brillantemente dice: “-... una obra clásica es aquella de la cual todos hablan... sin haberla leído...”. En este capítulo abundan referencias y menciones a García Lorca, Amado Nervo, Lautréamont, Cervantes, Machado, etc, incluso referencias a las revistas donde el autor trabajó como Revista de Revistas.
LAS MEDIANOCHES
La primera parte de este texto pareciera guardar cierta continuidad con LAS CHISPERAS, ayudando a la idea de que el libro guarda unidad, pues se menciona la expulsión del narrador de España y su encuentro con una mujer misteriosa que evoca a la adivina de LUZBELA. Recalco la frase de “Empezamos, como en todos los viajes, por sustraernos a la idea de la comodidad, proponiéndonos llevar a todas partes lo imprevisto de nuestras ilusiones...”. En esta novelería pareciera estar de fondo Alemania. El narrador se involucra con diferentes mujeres, principalmente prostitutas, reflejando en este texto una consecuencia social del periodo de entre-guerras. Al final hay una especie de relato mítico donde de una diosa/demonesa surgen las demás mujeres, evocando nuevamente la figura de Luzbela.
Otra parte digna de cita es: “Andaba solo, en pos de nadie, en busca de algo...
Además, sabía desde antes que no encontraría más de lo que existe... Sin embargo, caminaba ilusionado...
Así, entregado a la romería continué a lo largo del camino serpentuoso, andando lentamente, como un perseguido, errante, a quien intentan convertirle en sedentario...” (p.125).
Creo interesante señalar como una curiosidad, que, en este texto, en el capítulo XII, Vela repite un recurso que usa en El Intransferible donde haciendo un recuento del tiempo va describiendo una situación social.
UNA MUJER IMPRESIONISTA
Este es de los textos más cortos del libro. Es en grosso modo, un relato erótico surrealista donde el narrador y sus amigos decoran a una amiga suya con inclinaciones artísticas y una gran devoción por la pintura.
LAS TRES GRACIAS
Es un texto donde se cuenta la historia de tres hermanas que parecieran ser inmortales y existir desde la época de Pompeya, narrando poco a poco el origen mítico de las tres hermanas que no suelen separarse, al grado de que cuando una se iba a casar, las tres le proponen al hombre que se case con todas. El narrador se encuentra con una de ellas y el resto del texto se desenvuelve en un dialogo donde se intenta adivinar la identidad de la mujer.
LOS SUEÑOS
La última novelería del libro, en la que se retoma la historia de Luzbela. El narrador pareciera ser el mismo de Luzbela, y estar enfrascado en una vida de vagabundeo en la que, volviendo a la intertextualidad de otras novelerías, se mencionan a personajes como Francois Villon.
“Como siempre, cuando se trataba de comprobar la realidad, comencé por tactear en mis sentimientos y en el pensamiento de los demás, para dar al cabo de los atados y atajos, con un mundo insospechado, insólito, inaudito, invisible; y no obstante, visible, audible, táctil, gustable y olisqueable, en el transcurso de la vida cotidiana...” (p.172).
Es aquí donde se descubre que el protagonista es Androsio, cosa que es interesante si estás familiarizado/a con la obra de Vela, pues este personaje es nombrado en El café de nadie, aparece en El Picaflor, El Intransferible y algunos Cuentos del día y de la noche. Gran parte de esta novelería final es Luzbela contando sus sueños, casi esotéricos, en los que se va revelando como una suerte de hechicera.
El libro es una de esas curiosidades editoriales y literarias que lamentablemente han ido quedando al margen del mundo cultural, y de la historia de la literatura, pues la obra de Vela es riquísima en metáforas, neologismos y reflexiones sociales sobre los distintos contextos que hay. Leer esto es verdaderamente grato y entretenido, te sumerges en un entorno donde las subjetividades del mundo exterior que nos influye se muestran como interpretaciones “sensitivas”, a veces casi oníricas, reflejando la incapacidad de comunicarse en la acelerada urbe, la complejidad de las relaciones sociales.
Si acaso le pondría el pero del constante trato casi sexualizante a las mujeres.
La edición que yo leí es la segunda, por lo que ignoro si guarda alguna diferencia con la primera, más allá de las portadas.