miércoles, 20 de mayo de 2026

LIBRO: Manifiesto echerendista

 Algo que suele caracterizar a las editoriales cartoneras, es que estas suelen tener un o varios manifiestos. No uno en conjunto, sino uno propio. Cada cartonera suele tener su manifiesto. Así declaran sus principios editoriales, sus posturas, no sólo frente al mercado editorial, sino también como movimiento. Se alejan del soporífero y cuadrado esquema de declarar en palabras vacías una Misión y Visión. Y en lugar de recurrir al vacío de estos conceptos, exclaman a través del manifiesto.

Si bien, no todas las cartoneras cumplen con poseer un manifiesto, así como tampoco cumplen con el rechazo a los derechos de autor, este parece ser un elemento interesante y que permite expresar estruendosamente las ideas que impulsaron a sus colaboradores a dar vida a ese proyecto. Es por esto, que nosotros hemos decidido crear esta obra que encarna nuestras tablas de la ley.


Manifiesto echerendista contiene los textos:

Manifiesto echerendista (2024-2025)

(Des)Composición realmente realista en nueve espasmos (2026)

manifestación del manifiesto (2026)

Mierda de manifiesto (2026)



NOTA: Como forma de hacer más artesanales y únicos los ejemplares de esta obra, decidimos numerarlas conforme se vayan publicando los ejemplares.


Portada del ejemplar 1 de 50

jueves, 23 de abril de 2026

Libro: Relatos, rutinas y otras simulaciones

Segundo libro de la cartonera, publicado tras varios años de mutismo editorial y cartonero. Esta nueva colección de relatos es el retorno del proyecto. El formato de maquetación ha cambiado. Los ideales cartoneros se han conservado y ampliado, multanimes y horizontales. El libro pertenece a la colección Mazorcas podridas y reúne relatos escritos entre 2018 y 2023, periodo en el que el autor corrigió y trabajo en torno a estos textos —de forma casi obsesiva— que poco a poco fueron construyendo la antología de 13 relatos que hoy aparece bajo el título "Relatos, rutinas y otras simulaciones".

    Contenido:

-El canguro aviador
-Últimas despedidas
-Un asunto literario
-Los hábitos
-Piel de Chan
-El dios secreto
-Doña Carmen o Los recuerdos de cartón
-En el corazón de Lot
-Jonás
-Huele a perro muerto
-Amor sobre el camellón
-El solucionador de problemas
-Duende

miércoles, 15 de abril de 2026

german list arzubide, poesías de un hombre que nació en ninguna parte

 german list arzubide —así, en minúsculas, porque así es como él lo solía escribir— fue el gran cronista del estridentismo; poeta, revolucionario, activista, dramaturgo, una de las figuras más completas de la vanguardia mexicana de los años 20. Autor de una gigantesca producción literaria que, tristementemente como suele pasar con los autores que no encajan totalmente en la artificial construcción del canon, no ha sido reconocido ni editado como merece.




ESQUINA


    Un discurso de Wagner
es bajo la batuta del
                                ALTO—Y—ADELANTE
La calle se ha venido toda tras de nosotros
y la sonrisa aquella se voló de mis manos
                        El sol te ha desnudado.
La ciencia se perfuma de malas intenciones
    y al margen de la moda
se ha musicado el tráfico.
    10.000 para mañana
con la última quiebra
han bajado las lágrimas.
                                Lazaró—Lazaró
el viaje a Marte se hará al fin en camión...

Contra los académicos la mañana
se ha levantado en armas
y reparte protestas en los programas.

Ahora los relojes adivinan la suerte
mientras las hojas secas usan ventilador
y sobre la sonrisa final de los retratos
se ha detenido un sueño 1902.

El cielo está agotado en los últimos discos
los escaparates hablan del amor libre
su nombre es un relámpago de tarjetas postales
Si no estuviera triste...

    Se vende y se canta por 5 centavos
A Villa lo inventaron
los que odiaban al gringo

Me han robado los ojos que traía en el chaleco
¿sabe usted para dónde se ha mudado el correo?

Para hablar en inglés es necesario
cortarse la mitad de la lengua.

Los teléfonos sordomudos
han aprendido a hablar por señas.

Quién halara los cables
que arrastran los eléctricos!

Los periódicos pagados
callan el asesinato de los perros.

La oratoria es el arte de saquear los bolsillos
y el recuerdo se vende de papel recortado
el trabajo es un grito amarillo
¡será un juego de bolsa lo del tiempo barato!

En todas las ventanas ya se venden cigarros

Sobre la incubadora
asoleada
están piando las horas

Aquel amor lejano
era de la Secreta

todas las pantorrillas
viven de exhibición
y mientras los eléctricos
murmuran de mi pena
con sus banderas rojas
van pasando mis novias
en manifestación.


SILABARIO


    Mutt y Jeff no sabían
que ella se extravió en mis brazos
por esto la Academia
no la puso en su diccionario.

El otoño imprudente
nos espió por el ojo de la chapa
y el silencio iba en zancos.

Será el muerto el que chifla
la Adelita
en la esquina!

Esto de las traiciones
son chismes de la luna

                    GRAN CONCURSO
juntemos trozos de humo de su cigarro
y le daremos un premio

la noche se ha caído de mis manos.

                Si la vida hablara!!!!

Se gratificará sin averiguación
a quien devuelva
una lista de nombres extraviada
entre Chapultepec y el cine UFA.

¿En 1950 las mujeres llevaran anclas?

Hay que tirarse de 40 pisos
para reflexionar en el camino.

En esta hora de calcomanía
desilvanada
las manos de la risa
están sembrando alas.

jueves, 9 de abril de 2026

Manuel Maples Arce, poemas de un estridentista

Manuel Maples Arce, poeta y embajador mexicano, fue el legendario fundador del todavía más legendario, movimiento estridentista, que entre 2021 y 2027 escandalizó a la bien pensante sociedad mexicana que sólo encontraba valor en los versos de Xavier Villaurrutia y su camarilla de amiguitos Contemporaneos. Durante su periodo estridentista, Maples Arce nos regaló tres libros de poesía vanguardista que erizaron los pelos de la crítica y abofeteó a la literatura "bien hecha" de aquel entonces. Estos tres libros eran: Andamios Interiores. Poemas Radiográficos; Urbe. Súper-poema Bolchevique en 5 cantos; y Poemas Interdictos.

    



T.S.H.

Sobre el despeñadero nocturno del silencio
las estrellas arrojan sus programas,
y en el audión inverso del ensueño,
se pierden las palabras
olvidadas.
                    T.S.H.
                    de los pasos
                    hundidos
                    en la sombra
                    vacía de los jardines.
El reloj
de la luna mercurial
ha ladrado la hora a los cuatro horizontes.
                    
                    La soledad
                    es un balcón
                    abierto hacia la noche.

¿En dónde estará el nido
de esta canción mecánica?
Las antenas insomnes del recuerdo
recogen los mensajes
inalámbricos
de algún adiós deshilachado.

                Mujeres naufragadas
que equivocaron las direcciones
trasatlánticas;
y las voces
de auxilio
como flores
estallan en los hilos
de los pentagramas
internacionales.

El corazón
me ahoga en la distancia.

Ahora es el "Jazz-Band"
de Nueva York;
son los puertos sincrónicos
florecidos de vicio
y la propulsión de los motores.

Manicomio de Hertz, de Marconi, de Edison!

El cerebro fonético baraja
la perspectiva accidental
de los idiomas.
Hallo!

                    Una estrella de oro
                    ha caído en el mar.


PRISMA


Yo soy un punto muerto en medio de la hora,
equidistante al grito náufrago de una estrella.
Un parque de manubrio se engarrota en la sombra,
y la luna sin cuerda
me oprime en las vidrieras.
                                            Margaritas de oro
                                            deshojadas al viento.

La ciudad insurrecta de anuncios luminosos
flota en los almanaques,
y ellá de tarde en tarde,
por la calle planchada se desangra un eléctrico.

El insomnio, lo mismo que una enredadera,
se abraza a los andamios sinoples del telégrafo,
y mientras que los ruidos descerrajan las puertas,
la noche ha enflaquecido lamiendo su recuerdo.

El silencio amarillo suena sobre mis ojos.
¡Prismal, diáfana mía, para sentirlo todo!

Yo departí sus manos,
pero en aquella hora
gris de las estaciones,
sus palabras mojadas se me echaron al cuello
y una locomotora
sedienta de kilómetros la arrancó de mis brazos.

Hoy suenan sus palabras más heladas que nunca.
¡Y la locura de Edison a manos de la lluvia!
El cielo es un obstáculo para el hotel inverso
refractado en las lunas sombrías de los espejos;
los violines se suben como la champaña,
y mientras las ojeras sondean la madrugada,
el invierno huesoso tirita en los percheros.

Mis nervios se derraman.
                                            La estrella del recuerdo
naufraga en el agua
del silencio.
                        Tú y yo
                                        coincidimos
                                        en la noche terrible,
meditación temática
deshojada en jardines.

Locomotoras, gritos,
arsenales, telégrafos.

El amor y la vida
son hoy sindicalistas,

y todo se dilata en círculos concéntricos.



COMO UNA GOTERA...


Como una gotera de cristal, su recuerdo,
agujera el silencio
de mis días amarillos.

Tramitamos palabras
por sellos de correo,
y la vida automática
se asolea en los andamios de un vulgar rotativo.

Las canciones florecen
a través de la lluvia,
en la tarde vacía, sin teclado y sin lágrimas.

Los tranvías se llevaron las calles cinemáticas
empapeladas de ventanas.

Mis besos apretados
florecían en su carne.

Aquel adiós, el último,
fue un grito sin salida.

La ciudad paroxista
nos llegaba hasta el cuello,
y un final de kilómetros subrayó sus congojas.

¡Oh el camino de hierro!
                                        Un incendio de alas
                                        a través del telégrafo.
                                        Trágicas chimeneas
                                        agujeran el cielo.
                                        ¡Y el humo de las fábricas!

(Así, todo, lejos, se me dice como algo
imposible que nunca he tenido en las manos)

Un piano tangencial se acomoda en la sombra
del jardín inconcreto; los interiores todos
se exponen a la lluvia —selecciones de ópera—.
En las esquinas nórdicas hay manifiestos rojos.


SAUDADE


Estoy solo en el último tramo de la ausencia,
y el dolor, hace horizonte en mi demencia.

Allá lejos,
el panorama maldito.

¡Yo abandoné la Confederación sonora de su carne!
Sobre todo su voz,
hecha pedazos
entre los tubos
de la música!

En el jardín interdicto
                                —azoro unánime—
el auditorio congelado de la luna.

Su recuerdo es sólo una resonancia
entre la arquitectura del insomnio.

¡Dios mío,
las manos llenas de sangre!

Y los aviones,
pájaros de estos climas estéticos,
no escribirán su nombre
en el agua del cielo.